Una mordedura de perro puede ser traumática y tener consecuencias físicas, emocionales y legales importantes. Aunque muchas veces estos incidentes parecen menores, pueden generar infecciones, cicatrices permanentes y gastos médicos significativos si no se tratan adecuadamente. Saber qué hacer tras el ataque es clave para proteger tanto tu salud como tus derechos legales.
El primer paso es buscar atención médica inmediata, incluso si la herida parece superficial. Las mordeduras de perro pueden introducir bacterias peligrosas que provocan infecciones graves. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, alrededor del 20% de las mordeduras de perro terminan infectándose. También es esencial asegurarte de que la vacuna contra el tétanos esté al día y verificar si el animal está vacunado contra la rabia.
Luego, documenta el incidente. Toma fotografías de las heridas, la ropa dañada y el lugar donde ocurrió el ataque. Intenta obtener información del dueño del perro, incluyendo su nombre, dirección y si el animal tiene historial de agresividad. Si hubo testigos, anota sus datos. Este tipo de evidencia será fundamental si decides presentar una reclamación.
En muchos casos, la ley responsabiliza al dueño del perro por los daños causados. La Asociación Médica Veterinaria Estadounidense indica que la educación y prevención son clave para reducir estos ataques, pero cuando suceden, es tu derecho exigir compensación por gastos médicos, terapias, dolor y sufrimiento.
Contar con el apoyo de un abogado especializado puede ayudarte a reclamar la compensación que mereces y asegurar que el dueño del animal sea responsable. No estás solo en este proceso: es posible defender tus derechos y evitar que otros sufran un ataque similar.
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